Saturday, November 17, 2012

Capítulo 1: ¡Maldita sea mi vida!



Flotaba en un inmenso mar oscuro, o más bien se trataba de un río cuyas orillas no era capaz de observar de lo ancho que era. Sin duda estaba tumbado en una cama, pero las sábanas dibujaban remolinos de agua en su espalda desnuda. Poco a poco iba recobrando la consciencia, y los sentidos iban desperezándose uno a uno.

Música, música familiar.

"Mmh, un madrigal de Monteverdi, eso significa que estoy en mi habitación y que no voy a despertarme en ninguna cama ajena...o en un sitio peor. A no ser que exista algún otro trastornado que use a esos vejestorios como despertador"

Suspiró profundamente, ahora flotando en un océano de hierba suave, esponjosa. Sí, aquel perfume era inconfundible: cada mañana unos sensores, a la hora adecuada, impregnaban la habitación con un humo invisible extraído directamente de flores de su jardín. Olía a una mezcla de jazmín y rosas.

Lentamente, se pasó la lengua por los labios: aún tenían el sabor amargo del Kishka que había fumado la noche anterior, aunque realmente no se acordara de ello.

¿La noche anterior?

El sentido del tacto volvió a la vida con todo el esplendor, como un abanico que se abre de forma repentina, con un golpe sordo y casi violento. Sintió, entonces, algo caliente que presionaba su pene erecto, tan erecto que le dolía y que parecía haberse transformado en una roca por obra del hechizo de alguna bruja pervertida. Saliva caliente alrededor de su estandarte, de su polla empinada como un grito candente y desesperado.

Abrió los ojos, el último sentido en volver a la vida, y se encontró con una estampa bastante reconfortante: una jovencita de larguísimos cabellos rubios, y de ojos celestes repletos de una lujuria imparable, le estaba practicando una señorísima felación. La chica, al notar que su hombre se había despertado, abrió los ojos de forma casi reverencial, y sonrió, traviesa e inocente a la vez (todo lo inocente que permitía aquella situación).

-Ya...mmhh...slurp, slurp...te has despertado...slurp... - le estaba mamando la polla con tanta ansiedad que era incapaz de desprenderse de ella ni para darle los buenos días (a él, puesto que a la polla ya se los había dado y con gran vehemencia) - Mmh...do siento...slurp...mh...ya do podía...más.

Lenguaje Asiran.

En fin, aquello no le daría ni la más mínima pista de quién se trataba. Lo único que sabía es que las chicas Asira eran, últimamente, su perdición. Según su libro de notas, de las doce chicas con las que se había acostado aquellos tres días, diez eran Asiran y dos...mmh, creía recordar que de Palaus y Norse. Pero en aquellos momentos en lo último que quería pensar era en...pensar, precisamente. Sí, no quería darle vueltas a nada. Quería disfrutar de una buena felación, y luego ya se ocuparía de otras cosas.

-Sigue, preciosa, no te quiero interrumpir...¡Faltaría más! - contestó en Asiran, con un acento algo espeso debido a su estado semi-resacoso. Le guiñó un ojo, con una sugerente sonrisa.

Tratando de no sucumbir al orgasmo demasiado pronto, el corpulento hombre se incorporó sobre sí mismo y apoyó su espalda contra la cabecera de la cama. Entonces, entornando algo los ojos, observó detenidamente a la chica: sus largos cabellos se mecían, en bucles dorados, sobre su abdomen, y sus diminutas pero firmes tetas le hacían cosquillas en las ingles. Como todos los y las Asiran, tenía el cuerpo equivalente a la de una adolescente de 13 o 14 años, tuviera la edad que tuviera. Él siempre había sido de cuerpos femeninos más desarrollados, pero empezaba a cogerle peligrosamente el gusto a ese tipo de cuerpo más aniñado.

Sin embargo, no era eso lo que le atraía más de ellas, sino que, dicho en palabras sencillas, a las Asira les encantaba el sexo, eran muy, muy guarras e imaginativas a la hora de follar...y si se trataba de pasarlo bien con hombres de Palaus, mucho mejor. O eso parecía, dada la facilidad que tenía en llevárselas a la cama sin apenas tener que pagarles una copa o invitarlas a un par de caladas de Kishka. Sin tampoco tener que recurrir a sus historias de viajero pendenciero, de aventurero temerario, a sus excitantes anécdotas como traductor...y esas tonterías que muchas creían de él y que no eran ciertas.

Para llevarse a una mujer a la cama, hay que saber mentir muy bien y tener la cara bastante dura.

Le meció suavemente los cabellos como si acariciara unas caras cortinas de seda, y luego, agarrándole firmemente la parte de atrás de la cabeza, la conminó a acelerar el ritmo de su felación, haciéndole tener unas cuantas arcadas. Sí, aquellas chicas eran maravillosas. ¿Cuándo habían empezado a verse por Palaus? No hacía mucho, no. Asira había sido siempre un país empobrecido, bajo el yugo de varias dictaduras de distinto signo político, pero de una brutalidad muy parecida. Dos años atrás, sin embargo, el pueblo se hartó de su situación de aislamiento y de pobreza, y se levantó contra el poder, llevando consigo la democracia (esto está muy resumido, porque en realidad fue un proceso más largo y complicado). La democracia es igual o peor que un dictador, pero al menos te deja salir de tu país.

"Et voilà!", los y las estudiantes de las universidades de Asira empezaron a pedir becas para salir del pais, para así marcharse a otras universidades extranjeras. Tres días atrás, un numeroso contingente de estudiantes había llegado a Palaus...y se vé que con hambre de experiencias nuevas.

Se corrió en su garganta, sin previo aviso.

-¡¡¡Agggggg!!!

-¡Trágatelo todo, que sino será peor!

-¡¡Mmmhh!! - la chica negó con la cabeza, los ojos cerrados y humedecidos por las lágrimas. Empezó a tener arcadas, y se escucharon unos ruídos en el estómago nada prometedores.

-¡Me cago en la puta! ¡Trágatelo ya, o sino me vas a...!

Ya era demasiado tarde: la chica arrojó la mitad de la cena del día anterior sobre su vientre, en varios espasmos. ¡Oh, spaguettis en salsa de semen! ¡Maravilloso!

-Te lo dije...¡Te lo dije, maldita cerda! - su Asiran mejoraba a medida que soltaba tacos. Se levantó de la cama y se dirigió directamente a la ducha, sin escuchar los insultos e imprecaciones de la chica, que le daba la culpa por haberse corrido en su garganta sin avisar - ¿Qué pasa? ¿Que en vuestra tierra de pocilgas no les coméis la polla a los tíos? Oh sí, olvidaba que allí solamente les dan por culo a las cabras y a los cerdos. ¡Mierda joder, mierda!

Después de una agradable ducha, despojándose de su atontamiento matinal, sentía que se había portado como un imbécil. Ataviado con una simple toalla enrollada alrededor de la cintura, se acercó a la chica, que sollozaba sin parar, sentada en la cama con las piernas juntas, temblando como un conejo asustado.

Hizo ademán de pasarle el brazo alrededor de los minúsculos hombros, pero ella se negó, dándole un sorprendente puñetazo en el pecho que casi le dejó sin respiración.

-¡Gilipollas, asqueroso! ¡Tú tienes la culpa! ¡Me engañaste con tus palabras, me llevaste aquí, te aprovechaste de mí! ¡Y...y ahora que ya te has cansado, quieres abandonarme!

Él se rascó la nuca, tratando de recordar la noche anterior: sí, los recuerdos volvían a él como palomas mensajeras que vuelven a su destino después de un largo tiempo ausentes. Y el mensaje eran unos recuerdos...bastante excitantes. El pene se le endureció de nuevo. Primero habían bebido vino, acto seguido fumaron unas cuantas pipas de Kishka, luego las cosas se habían puesto al rojo vivo sin apenas conversar más de lo necesario, y, finalmente, habían follado como animales durante un par de horas. ¡Joder, las Asira son maravillosas!

-Perdona...he sido un grosero y un maleducado - se miró las manos, con ojos decaídos, fingiendo un profundo arrepentimiento. Sobre una de sus palmas se hallaba escrito el nombre de la chica, su edad, su piso de residencia en Palaus e incluso algunas de sus aficiones y rasgos de su carácter. "¡Joder, soy un genio!"

-Kuruva... querías un hombre que te mimara, que te colmara de regalos y atenciones. Y he roto mi promesa con esa actitud tan poco caballerosa - el rostro de la chica seguía palpitando por la rabia, pero poco a poco sus labios se iban ensanchando y dilatándose sus pupilas - Haré cualquier cosa que esté en mi mano por enmendar este error, mi diamante de brillo infinito.

Le besó la mano con suavidad y cuidado, poniendo énfasis en las palabras "diamante" y "brillo" puesto que, según lo que había escrito en su mano, le encantaban las joyas y las cosas caras. No, muy profunda no parecía, aunque con aquel cuerpo de ninfa de sexualidad desenfrenada poco le importaba. Su Asiran, en aquel punto, ya era perfecto.

-¡Ca...capullo! ¡E...eres el peor hombre que me he encontrado nunca! - ¡Victoria! Su cuerpo estaba reaccionando justo al contrario de lo que denotaban sus palabras: un sonrojo más intenso que el brillo de una enana roja - ¿Cual...quier cosa dices? - desvió la mirada, tratando de seguir frunciendo el ceño...¡Pésima actriz! - No me creo nada...

Cruzó las piernas de una forma deliberadamente erótica (aunque creyera que él no se daba cuenta) balanceando sus diminutos y bonitos pies que parecían moldeados por un escultor con fetiche de pies.

-Al observar tu belleza tan de mañana, mi cuerpo se ha vuelto violento...de tanto deseo que ha sentido. No lo he podido evitar, porque eres tan hermosa que haces que mi interior sea un caldero en ebullición - le acarició la pierna con extremada delicadeza, y ella empezó a ceder y ceder, seguramente sintiendo un estremecimiento a través del contacto de sus dedos y, también, de sus acarameladas palabras - Y sí, haré cualquier cosa que me pidas.

El Asiran era perfecto en lo qué respecta al uso de adjetivos rebuscados, abstractos, metafóricos. Y él se aprovechaba de ello.

-Mmh...te...tengo que reconocer que tu Asiran...es muy bueno. Sabes mucho... - su voz temblaba - ¿Puedo confesarte algo?

-¡Oh, adelante, mi deseada Kuruva!

-¡Te amo!

Le besó apasionadamente, rodeándole con sus pálidos y delgados brazos. Y aquello, al contrario de lo qué la lógica dictaría, le enfrió de una forma repentina, como si un milímetro de hielo hubiera enfriado dos litros de café hirviendo.
Justo cuando iba a tratar de capear el temporal con un simple pañuelo agujereado, una especie de milagro ocurrió en aquella habitación de sentimientos demasiado familiares.

Perdona, mi niña - sonrió, devolviéndole el beso con gran calidez - Tengo una comunicación restringida. Puede que dure un rato, así que eres libre de hacerte un café, fumar Kishka, o lo que tú quieras. Luego seguimos con nuestra conversación, lo prometo - le dio un beso en el cuello, justo bajo la oreja, lo cual relajó a Kuruva sobremanera.

-¡Cl...claro! ¡Te quiero! Recuérdalo.

-Jeje, sí, sí.

Él se levantó de la cama, y, con una orden escueta de su pensamiento, abrió la puerta invisible que daba al jardín. Una vez entre las palmeras y junto a la fuente, se sentó en un banco de aire y aceptó la comunicación que había interferido en la sinapsis artificial de su cerebro.

-¿Por qué has tardado tanto en contestar, rollito de Primavera? ¿Estás con alguna zorra?

Breidh y los demás le llamaban así porque desde fuera estaba fuerte y cuadrado, pero en realidad, por dentro, era un flojo y un pasota. Era el típico hombre que está fuerte pero que nunca se pelea con nadie. De hecho, el típico hombre que rehúye todo conflicto físico. Ya no le enfurecía aquel sobrenombre, en verdad. Le hacía cierta gracia, y más teniendo en cuenta que le encantaban los rollitos de Primavera.

-Esto no es de tu incumbencia, Palitroque. ¿A qué se debe tanta urgencia?

-¡Joder! No me jodas...que has estado follándote a otra estudiante. ¡Eres un enfermo! - al ser una comunicación a través de pensamientos, Breidh no pudo disimular una carcajada que cara a cara hubiera disimulado - ¿Cómo diablos lo haces?

Se vé que, obviamente, él le había leído los pensamientos. Se había olvidado apagar los circuitos subconscientes.

-Sí, diablos, sí, me he liado con una Asira otra vez. ¿Contento?

-¿Las tías esas que parece que tienen doce años siempre?

No respondió.

-¡Me cago en la puta, Rollito! No te habrás vuelto pederasta...¿Verdad?

Más carcajadas.

-Palitroque, ríete lo que quieras mientras te pajeas delante de tu puto Istán (ordenador conectado a la sinapsis cerebral), que es lo único que sabes hacer - suspiró, tratando de alejar los pensamientos de querer pegarle una paliza. Nunca había sido violento, pero aquella mañana se estaban juntando muchas cosas, demasiadas - Vé al grano, anda.

-Tenemos un trabajo de puta madre, mi querido Líon - por fin le llamó por su nombre - No te creerás la noticia que me acaba de llegar en una de mis sinapsis que me compré el pasado verano, especializadas en recoger noticias que casi nadi...

-¡Dispara, carajo!

Breidh se aclaró la voz, aunque no fuera necesario.

-Palaus y Malen han decidido reunirse para un posible acuerdo comercial. La delegación de Malen llegará mañana por la mañana. Palaus está apunto de enviar un comunicado a todos los traductores del País que quieran participar en el evento. Obviamente, solamente elegirán a dos, sí, dos traductores de los miles que hay aquí. Es nuestra oportunidad.

Líon tuvo que sentarse en la hierba, porque sentía que la cabeza le daba vueltas. Echó la cabeza hacia atrás, observando el cielo de color púrpura brillante.

-Bromeas. Palaus y Malen jamás llegarían a un acuerdo: sus intereses comerciales y políticos son tan, tan parecidos, que ni en un millón de años serían capaces de llegar a un acuerdo.

Breidh permitió que otra pequeña carcajada se filtrara a través de la sinapsis.

-¿Conoces la fábula de los zorros y el lobo?

-¿Aquella de dos lobos que pelean a muerte por un trozo de ciervo y, cuando se dan cuenta, un zorro les ha robado la carne?

-Más o menos.

El engranaje de Líon empezaba a funcionar como un reloj.

-Un tercer país quiere robar el pastel que se están disputando Palaus y Malen.

-¡Bieeeen! ¡Ese es mi Líon! Ya creía que alguna zorrita de esas te había comido el seso.

Líon esbozó una sonrisa sarcástica.

-Oyéndote parecería que estás celoso.

-¡Ooh, Touché!

Se levantó del banco de aire y se dirigió hacia la gran balaustrada que marcaba el límite del jardín. Estaba a unos 100 metros de altura, como el resto de construcciones. Más allá se extendían edificios gigantescos con forma de trozos de hielo cortados, de cristal, con numerosos jardines colgando de ellos, como si fueran vello, el vello de los edificios: piel de cristal, vello de hierba. Sobre las construcciones, numerosas naves de diferente color y tamaño sobrevolaban la ciudad, casi siempre dirigiéndose a la Gran Estación que se hallaba en el centro y que poseía numerosas líneas de circulación que atravesaban la urbe por barrios y distritos. Palaus palpitaba, era un corazón podrido y corrupto, pero repleto de vida y de rincones secretos, apestosos, aristocráticos. Pobres y orgullosos. Ricos y rastreros.

-Ya tengo un contrato con NimCo y me pagan bastante bien. Los gobiernos son volátiles y demasiado estomagantes y variables. Las empresas, en cambio, saben lo que hacen. No hay precio político. Y a mí la política, ya sabes, me la paso por el forro de los cojones.

-¿80.000 pyans al día, por el forro de tus cojones?

Él cobraba 15.000 pyans a la semana. Aquello casi le dejó sin respiración.

-Comprenderás que, por muy suculenta que sea la oferta, no puedo negociar con nadie fuera de NimCo. Me estoy jugando el cuello y mi futuro. De hecho, ni sé por qué no te he colgado ya, NimCo es capaz de rastrear sinapsis, lo sé de sobra. Además, es muy improbable que...

Breidh le interrumpió con la fuerza de una piedra que se precipita en un riachuelo que baja por unos elevados riscos.

-Estamos contratados, Líon. Solamente falta tu firma.

Un silencio que parecía un tercer interlocutor, irrumpió en la conversación: sus sordas palabras casi ensordecieron a Líon. Gritaba tanto aquel silencio, que casi tuvo que taparse las orejas. La incredulidad trató de acallarlo.

-Claro que sí. Por ciencia infusa, Palaus ha confiado en nosotros, dos colgados borrachuzos, traductores de poca monta, esclavos de empresas familiares, para participar en el proyecto de sus vidas - rió sin ganas de reir - Por curiosidad...¿Cuál es
ese tercer país que se interpone en sus intereses?

-Creo que tu polla ahora mismo lo sabe mejor que tu.

-Asira...

-Exacto, veo que te lo ha susurrado al oído tu "cosita"...

-Basta de bromitas a destiempo - gruñó Líon - En caso de ser así cómo tú dices. ¿Por qué nos contratarían a nosotros, en primer lugar?

-Prefiero que lo veas por tí mismo - replicó Breidh, con tono mordaz - ¿Cuánto hace que no te pasas por Seleka?

-No se me ha perdido nada allí. Además, por motivos de trabajo solamente me muevo por Glaudio. ¿Por qué lo preguntas?

-Nos vemos dentro de dos horas en el Café Servein, de Seleka - dijo, con tono cortante - Te he dejado la dirección GPS en tu sinapsis. No me falles ni llegues tarde, que el tiempo es oro y es la oportunidad de nuestras vidas. Vendré con alguien.

-¿Con alguien?

La conversación se interrumpió sin recibir respuesta.

-¡Siempre igual, siempre a su puta bola! ¡Maldito Palitroque!

Repentinamente, sintió cómo unos brazos le agarraban con fuerza desde detrás, rodeándole parcialmente la cintura. Y, de paso, sintió también el contacto de unos pequeños pero firmes pechos en su espalda.

-¿Hablando de negocios? - susurró ella...¿Cómo se llamaba? Ya no lo recordaba. Y no, prefería no consultar de nuevo su mano, hubiera cantado demasiado.

-Más o menos. Escucha...

-Aún no me has dicho que me quieres - protestó, apretando los labios, acariciándole el pecho bajo la camiseta con suavidad.

Si hubiera sido otro tipo de ser humano, no habría dudado en lanzarla al vacío, sin vacilar. ¿Qué les pasaba a las chicas de ahora? ¿Una noche de lujuria y ya se veían felizmente casadas, con hijos, perros y gatos? ¿A dónde habían ido a parar?

-Tengo una reunión de trabajo. Tengo tu dirección, si eso otro día nos...

Su mano bajó peligrosamente hacia su entrepierna y empezó a frotar su miembro viril con ella, por encima de los calzoncillos.

-Son dos palabras, anda... no te cuesta nada.

Rebuscó su nombre y dirección en la sinapsis, almacenados gracias al truco de escribirlos sobre su mano, y lo encontró. Empezaba a hartarse bastante de aquella cría. "Si te acuestas con críos, acabas lleno de orina".

Se giró y la miró directamente a los ojos, reuniendo en ellos toda la frialdad que le era posible.

-No te conozco lo suficiente cómo para amarte. Como ya te he dicho, tengo tu dir...

-O sea, que te acuestas conmigo una noche y luego me dejas... - los ojos de la joven empezaban a cargarse de una atmósfera parecida a una tormenta.

Líon se llevó una mano a la frente, desplazando sus ralos cabellos oscuros a un lado.

-Esto no es así. Te acabo de decir que tengo una reunión de...

-¡Sí que es así! ¡Al menos dime que te lo has pasado bien, que quieres volverme a ver! ¡Pe...pero ni eso! - su rostro se había congestionado de un color rojo más intenso que el interior de un volcán apunto de entrar en erupción - ¿Qué soy? ¿Un número más?

-En ningún momento te prometí nada.

-¡Eres un cerdo!

Hasta aquél momento no había tenido apenas problemas con las muchachas de Asira. Simplemente se trataba de un intercambio saludable de fluídos, una buena oportunidad para hacer ejercicio y el mejor instrumento para relajar la mente. Sin duda, la gente que cree en chorradas como el Yoga u otras disciplinas del palo, es que, o no tienen suficiente sexo, o éste no es para nada satisfactorio. Las salas de Yoga están llenas de gente necesitadas de un buen polvo.

Pero aquel pequeño incordio de jovencita estaba complicando las cosas. Hay chicas que basta con meterles una simple polla para que ya hablen de matrimonio. Y Líon, obviamente, las mantenía a distancia como la peste. Con esta chica, sin embargo, se había equivocado: había introducido un pequeño caballo de Troya en casa. Aunque bueno...él ya había pensado que algo así podría ocurrir. Y tenía sus recursos.

-Mira, hagamos una cosa: si dejas de hablar de estas sandeces podemos vernos otro día - para nada tenía pensado verla otro día, pero tenía que ganar tiempo mientras se ponía a trabajar con su sinapsis. Nombre: Kuruva Nylova; dirección: residencia Ave Real, avenida 504, número 1067.

Chequeado y confirmado.

-¿Sabes una cosa? En realidad no soy universitaria, soy una estudiante de secundaria que ha venido de vacaciones con unos amigos. Tengo quince años - se cruzó de brazos, con una sonrisa perversa dibujada en su boca con forma de corazón. Sin duda aquello era mentira, su sinapsis le acababa de confirmar incluso qué carrera estaba haciendo. Aparte, en Palaus acostarse con una joven que ya ha menstruado, no es delito. Pero esas cosas, los Asiran que nunca han visto mundo más allá de las fronteras de su país, no las saben- Así que elige, o tenemos una cita y seguimos viéndonos, o vas a tener un buen problema.

Líon sonrió afablemente.

-Está bien, me has convencido. Sin duda he sido un irresponsable. Me tienes que perdonar por haber sido tan egoísta, no volverá a suceder - le besó la mano, mirándola con ojos brillantes.

El rostro de la chica se iluminó como una pequeña estrella que, repentinamente, se convierte en Supernova.

-¡Me...menos mal! Ya creía que...

-Antes que nada, una simple pregunta - se permitió interrumpirla, por una vez - ¿Te gustan las aventuras inesperadas?

Ambos estaban situados en la balaustrada desde dónde se divisaba la zona nor-oeste de Palaus, con sus grandes edificios y jardines parecidos al suyo.
La joven suspiró.

-Oh...me encantan. Desde pequeña siempre he soñado que...me encontraba con un hombre que me llevaba lejos, muy lejos, de todo.

Líon se giró hacia ella, con una sonrisa de oreja a oreja, y una respiración pausada que emanaba seguridad en sí mismo y, a la vez, una especie de halo embaucador que flotaba a su alrededor. Su voz se transformó en un masaje grueso, como de lana, muy confortable.

-¿Y si te dijera que ya has encontrado a esa persona?

La sinapsis ya le había informado que había llegado lo que él había pedido. De acuerdo, todo había salido a pedir de boca y en el momento adecuado.

-¿Y quien es esa persona? - preguntó ella, coqueta, sabiendo cuál era la respuesta.

-¿Quién va a ser? Un taxista muy apuesto.

-¿Cómo?

-Always look on the bright of life !

-¿Q...qué?

-¡Silba conmigo! - empezó a silbar la famosa melodía de la Vida de Brian, con los ojos cerrados. Y justo cuando ella le iba a preguntar qué diablos estaba tarareando, la empujó al vacío con un golpe no muy fuerte, pero con la fuerza precisa para lograr su cometido.

Un grito de terror, una pequeña nave-taxi que a mitad de la caída recoge a la chica en apuros, y un taxista menudo y con sobrepeso que tendrá que aguantar las imprecaciones y los gritos de la muchacha durante todo el trayecto. Y sin entender una sola palabra de Asiran, por supuesto.

Misión cumplida y 1200 pyans que le ha costado la broma.

¡Maldita sea mi vida!

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