Friday, November 23, 2012

Capítulo 4: To be free


Desde que aquellos dos hombres fornidos le habían pedido, de una forma no muy amable, que se olvidara de todo lo concerniente a Yu Zhan, no había podido dormir con relativa paz. De hecho, hacía una semana que solamente se dedicaba a ir a trabajar, a repasar vocabularios con su sinapsis, a comer, hacer sus necesidades y dormir. Nada más. Le daba la sensación que desde el día en qué se había reunido con Breidh y con ella el tiempo se había paralizado. No tenía ni siquiera ganas de tener sexo ni de masturbarse: no era solamente el tiempo, sino su misma humanidad. Se había convertido en un robot, y, lo que es peor, en un robot con memoria.

Tampoco ayudaba que la hija adolescente del diplomático de Maren se le estuviera insinuando todo el rato en la reunión que mantenían con los comerciantes de Palaus en el enorme jardín adyacente a las dependencias gubernamentales. Música barroca, mayordomos más estirados que un palo, conversaciones aburridas que giraban todo el rato sobre relaciones comerciales. Y él ahí traduciéndolo todo mecánicamente, con una eficiencia perfecta pero sin ningún ápice de interés ni de apego.

No era de extrañar que aquella mocosa se hubiera fijado en la única persona con cara de estar tan o más aburrida que ella. Y si encima coincidía con el tiempo de sus primeras menstruaciones, el descubrimiento de su propio cuerpo y que, en frente de ella, se hallaba un hombre con presencia y bien plantado...pues claro, aquello era para la nena una una bomba de relojería hormonal.

Eran unas 16 personas sentadas en una larga mesa repleta de fuentes de comida, botellas de vino y demás nimiedades. Formando la cabecera de la mesa, presidida por el Alto Diplómatico de Palaus, un lado se hallaba sentado al embajador de Maren, junto a la hija, que no le quitaba el ojo de encima, con rápidas y constantes miradas hacia su rostro y su pecho y una sonrisa que trataba de disimular colocando una de sus manitas sobre la boca. Al otro lado, Líon, que hacía todo lo que podía para que no se le notara el absoluto aburrimiento que quería invadir toda su alma para luego escurrirla como una esponja, dejándola seca como un trozo de esparto.

El embajador de Maren y el Alto Diplomático de Palaus discutían acaloradamente.

-Con respecto a Asira, si adoptamos las pertinentes medidas proteccionistas, no hay nada qué temer. Y si finalmente vemos que no acatan las leyes, yo creo que lo más lógico sería bloquear todo el comercio con ellos – espetó con rapidez y eficiencia Líon, traduciendo de la lengua Maliana al Palousen.

-Creo que esa postura no nos beneficiaría a ninguno de los dos países – el diplomático de Palaus se llevó la mano a la barbilla, pensativo – Podríamos hacerles negociar, pero solamente bajo nuestras condiciones y respetando nuestro pacto de comercio.

Líon tradujo del Palousen al Maliana sin apenas pensar en ello.

-¡A los enemigos ni agua! Esta gente lo único que quieren es hacerse con las riendas del comercio mundial. ¿Es que no lo véis?

-Hace 3 meses vuestra opinión era totalmente opuesta. Y bien que nos hacíais la competencia. ¿Os prohibimos comerciar con otros países en nuestra ciudad, aún sabiendo que gran parte del dinero iba a vuestras arcas? No. Esta no es nuestra política. Estamos de acuerdo en un acuerdo comercial para frenar el expansionismo exagerado de Asira, pero en ningún caso frenaremos el Libre Comercio.

-¿Y qué me dices de la economía sumergida? ¡Sois demasiado blandos con ellos! Ellos hacen una fortuna sin apenas pagar impuestos, mientras nosotros tenemos que bajarnos los pantalones para poder recibir cuatro migas! Te recuerdo que en Maren está sucediendo exactamente lo mismo. ¡Nuestros intereses están gravemente amenazados!

Y bla, bla, bla. Y bla, bla, bla.

Así son los diplomáticos y embajadores, así son los políticos y comerciantes: yo me dedico a meter mis narices en los asuntos de los demás, pero cuando tú metes las narices en mi casa...¡Me enfado y no respiro! ¿O es que Palaus o Maren no tenían intereses en otros países? No, no, ellos eran la bondad reencarnada en hombres de negocios. ¡Un cuerno! Ellos son tan o más mafiosos que las mafias de las cuales constantemente se quejan. ¿Acaso reparten su dinero a sus ciudadanos? ¡Ja!

Pero él era traductor y aquel no era su problema. ¿Hipocresía? Sí, y mucha.

Su mirada se desvió accidentalmente hacia dónde se hallaba la hija del diplomático, y, por primera vez y gracias al aburrimiento que sentía, la estudió detenidamente: ojos grandes de color azul claro; cabellos rubios, largos y rizados;
rostro simétrico, nariz respingona, sonrisa más amplia y abierta de lo qué era normal para una niña de su edad. Le miró y le enseñó tímidamente los dientes en una suave sonrisa (un gesto calculado). Unos pechos que empezaban a tener la forma de dos jóvenes manzanas, y un vestido blanco con ribetes color azul marino, enseñando sus endebles y delgados brazos, y su cuello.

No era nada con lo qué no hubiera lidiado antes...con la diferencia que, esta vez, un elemento se añadió a la “fiesta”: el piececito desnudo de la mocosa damisela trepó a través de sus piernas y se posó sobre su entrepierna, a la cual empezó a masajear con decisión y sin ningún pudor. Las mejillas de la niña se encendieron de una forma tan evidente que parecían dos antorchas iluminando una noche negra como el culo de un grillo. Su polla, tal y cómo había imaginado, empezó a endurecerse con una velocidad alarmante...a sólo medio metro de su padre.

-¡Mierda joder! ¡Mmmh...no! ¡Para, me cago en Dios! - gritó en lengua Maliana.

-¿E..eh? ¿Cómo osas hablarme así? - el embajador de Maren lo malinterpretó - Esto puede que sea Palaus, pero eso no os da patente de corso para hablarnos así. El 30 % de vuestras exportaciones...

Aquél piececito, en vez de parar, aumentó su velocidad mientras la niña seguía riéndose entre dientes, con gran disimulo, y con el rostro de cada vez más congestionado, rojo como el culo de un Babuíno. Líon trató en vano de parar aquella locura, dándole golpecitos con el puño en el pie, bajo la mesa, pero no hizo más que empeorar el asunto. Aquellos ojos azules repletos de lujuria empezaban a pasarle factura: a su polla solamente le faltaba aúllar de lo empinada que estaba. Por suerte no había luna llena, era de día, y las pollas aún no habían aprendido a hablar ni a gritar.

-¡Qué coño pretendes, zorra!

Esta vez gritó en Palousen, en su lengua natal.

-¿Qu...qué? ¡Cuidado con lo que dices, estás en territorio de Palaus! - el diplomático de Palaus, esta vez - ¡El tratado de comercio pende de un hilo y el Primer Ministro se halla a unos escasos 200 metros de aquí! Mide tus palabras.

¡Mierda! Había vuelto a gritar y a decir lo que pensaba sin tener en cuenta su trabajo. No estaba en lo que estaba. Nada, no tradujo absolutamente nada. Tenía que inventarse algo para volver a reconducir aquella reunión.

A Líon se le ocurrió entonces una idea arriesgada: hacerles creer a aquellos dos hombres, que aquellos insultos tenían su lógica dentro de la conversación. 

-”¡Qué coño pretendes zorra”, eso fue lo que le dije a la comerciante asiran, que se insinuó, pretendiendo comprarme – dijo Líon, en Palousen, pretendiendo que había traducído las palabras del embajador de Maren.

-Oh, bien que hiciste – el diplomático de Palaus asintió, convencido – No hay que fiarse de esas mujeres, son serpientes con piel de terciopelo.

-"¡Para, me cago en Dios!" Sí, eso le dije al embajador de Asira, el cual no paraba de hablar de los beneficios de su política comercial expansionista – dijo, esta vez Líon, en lengua Maliana.

En fin, que después de unos complicados malabares, tanto el embajador de Maren como el diplomático de Palaus acabaron hablando de negocios otra vez, en tono satisfecho. Resultó incluso positivo para darle un enfoque de tensión a la reunión porque así, poco a poco, se relajaron las posturas y conseguieron de esta forma no dañar los acuerdos de comercio existentes entre ambos países. La diplomacia es una maldita locura, y aquella chica, con sus irracionales ganas de ponerle la polla dura, había conseguido que la alianza comercial se fortaleciera. La inventiva de Líon y sus recursos para la improvisación, tambien.

Al acabar la reunión, con abrazos y estrechamientos de mano incluídos, Líon sintió la necesidad imperiosa de ir al baño para evacuar a unos cuantos rehenes que necesitaban ser liberados desde su recto. No hay nada que produzca más satisfacción que cagar después de un trabajo bien hecho.

Justo acababa de tirar de la cadena para que aquellos amiguitos duros y marrones empezaran su alocada y trepidante aventura por aquél parque acuático de aguas residuales, cuando, de repente, sintió el suave rechinar de la puerta que se abría. Se hallaba de espaldas a ella, a punto de limpiarse las manos.

Su primera reacción, al sentir que unos brazos le rodeaban la cintura, fue girarse y, súbitamente, agarrar del cuello a su atacante. ¿Otra vez uno de aquellos perros que le advirtieron que no volviera a acercarse a Yu Zhan? ¿Allí, en los jardines de Palacio? Se giró y, con estupor, se encontró a sí mismo estrangulando a una jovencita rubia, delgada, estatura media, ojos azules. Se apartó rápidamente de ella, pidiendo perdón con un leve movimiento de cabeza.

-¡Pe...pero qué coño haces, sinvergüenza! ¡Casi me matas! - espetó en medio de un ataque de tos, su rostro prendido por un intenso color rojo. Hablaba en un Maliana muy coloquial. Líon recobró su compostura y se cruzó de brazos, apoyando la espalda contra la pared.

-Es lo que suele suceder cuando alguien, sin avisar, te agarra por la espalda. Vete con tu papi, anda – la miró con una frialdad siberiana – Estuviste a punto de mandar a la mierda la reunión.

-Ji, ji... - se colocó las manos tras la espalda, meneando el culo sin ningún rubor – No lo pude evitar.

Líon decidió no darle más cuerda a aquella mocosa y se fijó el noble objetivo de ignorarla. Se lavó las manos detenidamente y, acto seguido, se dispuso a salir hacia los jardines para certificar el acuerdo del embajador y el diplomático, junto con las delegaciones de comerciantes de ambos países.

-Me ves como una niña, y en algunas cosas lo soy... - dijo, con una voz más suave que el aliento de un pequeño pájaro – Pero sé muchas más cosas que tú ni nadie más imaginaría.

-¿Por ejemplo? - se digno a preguntar, desganado, antes de salir.

-¿Qué pone en tu contrato, Líon?

El hombre se giró hacia ella, alzando una ceja.

-¿Perdona?

Como si estuviera caminando de puntillas sobre un estanque, la chica se acercó a él, una ninfa de agua con cara de hija de mil putas. Así se le aparecía a Líon en aquel momento. Sonreía, divertida.

-¿En tu contrato no pone que firmar contrato con otra empresa mientras se tiene el primero vigente conlleva a despido y a posibles penas de cárcel?

Él frunció el ceño. ¿Se estaría refiriendo a...? No, no podía ser. Además, él no había firmado nada con Yu Zhan.

-¿Hacia dónde quieres llegar? - avanzó unos cuantos pasos, quizá con demasiada iniciativa, pues ella retrocedió unos cuantos hacia atrás hasta posar su pequeña espalda contra la pared en la qué un minuto antes se había apoyado él – No he firmado nada fuera de esta empresa.

-Tranquilízate – posó los ojos en el suelo, algo asustada – Quiero ayudarte. Verás... - adoptó una expresión seria, digna, muy adulta – Estuve trasteando en la sinapsis de mi padre, como suelo hacer siempre (¡Tiene una contraseña, para mí, muy fácil y predecible!) y encontré algo muy curioso: ha descubierto que has firmado un contrato con una empresa ilegal de Asira, la cuál está a punto de ser desmantelada. El gobierno de Palaus quiere condenarte por alta traición.

Líon sintió como si un alud de nieve hubiera congelado y enterrado toda la sangre de su cuerpo. Apoyó sus manos contra la pared, a ambos lados de la cabeza de la chica. Sus ojos dibujaban el epicentro de un huracán. Una calma muy, pero que muy engañosa.

-Me la suda si eres la hija de un embajador, o del emperador de los siete mares. Si esto es una broma pesada lo vas a pagar caro. Y no hablo de golpearte, precisamente. Tengo otros medios a mi alcance, mocosa.

Ella no pareció ponerse nerviosa en ningún momento. De hecho, parecía que aquel gesto la había excitado un poco. Le pasó un dedito por el pecho, acariciándoselo, sonriendo con una coquetería muy natural.

-Al principio, cuando aún no te conocía, disfrutaba pensando en un escarmiento público hacia un traductor como tú, uno de esos perros acomodados al servicio de una empresa privada que trabaja para el gobierno – le acarició los labios, la nariz de perfil romano, sus pómulos sobresalientes, su barbilla recta. Tenía que estirar mucho el brazo, puesto que la diferencia de estaturas era bastante pronunciada – Pero fue verte y, la verdad, me pusiste muy caliente.

Líon suspiró, rechazando con educación el contacto de aquellos dedos aún tan infantiles. ¿Dónde cojones había aprendido a hablar así? ¿Qué les enseñaban, en la escuela, a los niños de ahora?

-Ahórrate toda esta basura – adoptó una posición pensativa, colocándose al lado de ella, repasando acontecimientos – Suponiendo que lo que dices es cierto...¿No tendrían que haber ido a por mí mucho antes?

-No, ellos querían atraparte mientras trabajabas para el gobierno, así te caía una condena más gorda.

Líon apretó los puños. Temblaba de rabia e impotencia. Sus ojos parecían refulgir con el calor de las brasas del mismo infierno.

-¿Por qué diablos querían hacerme esto a mí? ¿Qué maldito interés tenían en hundirme?

Ella se encogió de hombros.

-No tengo ni la más remota idea. ¿Quieres huir o no?

-¡Maldita sea mi vida!

-Si vas a seguir quejándote, me voy – hizo un puchero con los labios.

Él se llevó dos dedos en el puente de la nariz y suspiró, desinflando levemente su rabia.

-Está bien. ¿Cómo pretendes ayudarme? Salir de aquí sin ser advertido es como tratar de no llamar la atención yendo vestido de pavo real en una boda.

-¿Confías en mí?

-Obviamente, no.

-Bueno, pero estarás de acuerdo que muchas otras alternativas no tienes.

-¿Cuál es tu plan?

-Huir contigo.

-Definitivamente, no estás bien de la cabeza. ¿Eres consciente de la edad que tienes?

-¿Y tú?

-Yo...en fin, estoy en una situación límite, no hay tiempo que perder. Dime cómo pretendes huir de aquí.

El rostro de la chica se ensombreció y, súbitamente, pareció mucho más mayor de lo qué normalmente aparentaba.

-Venimos a estos jardines como mínimo una vez cada dos semanas. Cuando me aburro, que suele ser el caso, me invento alguna excusa barata y me dedico a dar vueltas por aquí. En resumen: que me conozco este sitio como la palma de mi mano.

-De acuerdo, esto ya supone una pequeña ventaja – Líon había variado su registro y ahora le hablaba a la chica con el respeto que no tenía hacia niños ni mocosos – El problema radica en nuestra necesidad de pasar desapercibidos. Supongo que tendrás algo pensado al respecto.

-¡Por supuesto! ¿Por quién me has tomado? - con un gesto decidido y exagerado, se retiró sus largos cabellos dorados tras la espalda. Tenía que dedicarse al teatro sí o sí – Nuestro objetivo inmediato es llegar al laberinto del jardín. Desde allí habrá que despistar a tus perseguidores – le dio un énfasis especial a aquel “tus” - mientras yo llamo a la nave de mi padre con mi sinapsis.

-¿Bromeas? ¡Yo no sé pilotar!

-Sí sabes.

-¡Maldita sea! ¡Pero si no tengo ni licencia! ¿Cómo sabes que yo...?

-Ellos saben muchas cosas, y yo soy una cotilla. ¡Vamos, no tenemos tiempo!

Con una velocidad inusitada, la chica echó a correr hacia la puerta. Líon partió tras ella, costándole un océano de sudor seguir su ritmo. Los guardas del jardín pronto advirtieron su presencia y se pusieron a perseguirles entre amenazas, improperios e insultos. Al llegar al laberinto del jardín, constituido por altos setos impecablemente podados con formas geométricas, la chica se puso a llamar, con su sinapsis, a la nave usando la complicada clave que le había puesto su padre.

Gracias a la pericia de la chica, consiguieron despistar a los guardas con facilidad, los cuales se hallaban desconcertados, corriendo dentro del laberinto sin rumbo, como gallinas descabezadas.

La nave, un pequeño y aerodinámico vehículo de color azabache, descendió ante ellos con elegancia, posando su cuerpo con forma de ballena sobre un rellano del laberinto. Corriendo como posesos, se precipitaron hacia la entrada de la nave que se había abierto en su “lomo”: Una rampa ascendía y se introducía hacia el centro del vehículo.

Pero no todo iba a salir a pedir de boca.

Gracias a un golpe de suerte, uno de los guardas había conseguido llegar al lugar dónde la nave había aterrizado. Habían sido rápidos y efectivos, pero estas putadas siempre ocurren.

Un hombre que le sacaba una cabeza a él (¡A él!) se había interpuesto entre la entrada de la nave y ellos. Al ser solamente guardas del jardín, no llevaban sobre ellos armas de fuego, pero sí una porra tan grande y gorda como su brazo. Su otro brazo, tan ancho como su pierna, se hallaba combado hacia él con el puño cerrado. Si el puño hubiera podido hablar, hubiera dicho: ¡te voy a arrancar la cabeza de un sopapo! Aún y con todo, Líon no tenía más remedio que precipitarse sobre él y rezarle a sus dioses inexistentes para que la paliza no le arrebatara la poca dignidad que le quedaba. Sin embargo, justo cuando estaba apunto de gritar “Banzai!” escuchó un disparo que provenía desde su espalda: ¡Venga, no me jodas! ¿La loca aquella también sabía disparar? ¿Pero qué clase de pequeño monstruo era aquello? Con destreza le había pegado un señor tiro en la pierna izquierda de aquél rinoceronte humano, haciendo que aquél cayera al suelo profiriendo mil maldiciones y alaridos de diversa índole que no hace falta plasmar aquí.

-¡Rápido! Ya te lo explicaré luego...¡Entremos!

Aquella maldita cría entró en la diminuta nave como Pedro por su casa, se sentó en la silla de plasma ante los aparatos de mando y, sin ni siquiera cerrar la compuerta de entrada de la nave (no tenía tiempo, ya habían descubierto su ubicación y venían una veintena de guardas directos hacia ella) hizo despegar verticalmente aquél objeto con una velocidad de vértigo sin que Líon tuviera apenas tiempo de agarrarse a lo primero que sus manos pudieron asir: precisamente la silla en dónde se hallaba ella manejando la nave con su palma de la mano posada sobre una superficie de cristal, los ojos cerrados, la sinapsis funcionando a pleno rendimiento.

-¡No te agarres a la silla! ¡Me...me vas a desconcentrar! ¡Solo he pilotado una vez...y con mi padre al lado!

-¡¿Y qué quieres que haga?! ¡Lo que tienes que hacer es cerrar la puta compuerta de entrada! ¡Pero ya!

-¡A...aguanta! ¡No...no sé cerrarla, estoy ocupada en...!

La nave daba unos bandazos aquí y allá muy peligrosos, mientras que por los cristales que rodeaban la nave, la ciudad se iba haciendo paulativamente más y más pequeña...y las montañas más y más cerca.

-¡Mierda, joder! - Líon forcejeó para acercarse al puesto de mando sin soltarse de la silla y sin darse cuenta que, sin querer, estaba abrazando a la chica sin ninguna contemplación. La chica soltó un alarido - ¡Dame los jodidos mandos de la nave!

-¡Pu...puedo hacerlo! - gritó indignada, tratando de estabilizar la nave a la deriva, que de cada vez se acercaba más y más a las montañas de Palaus - ¡No confías en mí, lo sabía!

-¡Al cuerno la confianza!

Con gran agilidad, Líon apartó a la cría de los mandos y, colocándosela sobre su regazo (llegados a ese punto crítico, apenas encontró resistencia por su parte) se sentó en la silla de plasma y, posando su mano derecha sobre la superficie de cristal, conectó con toda la rapidez que pudo su sinapsis con la Inteligencia Artificial de la nave.

Normalmente a la puerta principal de la nave se la consideraba “Puerta 0” mientras que las puertas secundarias o de emergencia, se les ponía números del 1 al 4 (el número máximo de puertas que seguramente aquella pequeña nave poseía). Haber tenido un abuelo piloto de aeronaves no había sido en balde puesto que a pesar de no poseer una licencia para pilotarlas se había criado dentro de ellas

-Puerta 0 cerrado hermético; activar estabilizador; aumento del 200 % de potencia de motor; desactivar frenos aéreos de emergencia; antigravitación desactivada, activar a partir del 50 % de velocidad lumínica. ¡Orden prioritaria!

La puerta se cerró con un sonido suave, muy parecido al que produce el sonido de la lluvia sobre unas hojas: sshhhtetetete.

La nave, efectivamente, se estabilizó casi al instante, lo que dura un parpadeo de unos ojos, y, sin ninguna dificultad reseñable (si es que se considera reseñable decir que la chica, en aquellos momentos, no dejaba de jadear y de forcejear pensando que estaba llevando a la nave a un accidente seguro) se dirigió disparada hacia la atmósfera y en cuestión de segundos ya se hallaba fuera de la órbita del planeta. El shock de acelerar de aquella manera sin activar la antigravitación (que hubiera relentizado el proceso y les hubiera llevado a una muerte segura contra las montañas) fue demasiado para la chica y se desmayó de golpe, entre sus brazos. Él, sin embargo, desde pequeño estaba ya más que acostumbrado a aquellas sacudidas extremas.

Una vez hubo dejado atrás el especio aereo del planeta, peligroso porque seguramente ya estaría buscándole el gobierno de Palaus, decidió llevar a la niña a una de las pequeñas salitas de la nave, que podían transformarse en cualquier tipo de dependencia. Decidió que la transformaría en un dormitorio normal y corriente, como los que había en Palaus, y, dejando escapar un suspiro y una negativa con su cabeza de conformidad con aquella mierda de situación, la depositó sobre una sencilla cama. Sabía lo que era uno de aquellos shocks de aceleración y la ostia que te metía en el cerebro. Por un instante, sintió un amago de cariño y lástima por ella. Luego volvió a la sala de mandos, ya algo más relajado, y se encendió un cigarrillo de Kishka acomodándose en aquella silla que le arropaba los hombros y el culo casi de una forma tan perfecta cómo haría una mujer experimentada. Se encontraban, ahora mismo, en el vasto espacio, tierra de nadie, y el planeta poco a poco se iba convirtiendo en un punto de cada vez más difuso. La oscuridad engalanada por miles de estrellas acabó dominando por completo el paisaje que se podía observar desde dentro de aquella burbujita encabritada que era aquella nave.

¿Qué diablos había ocurrido para que hubieran terminado en aquella situación?

 Una de dos: o alguien le había traicionado, o algún cabrón que le odiaba había conseguido entrar en su sinapsis (¡¿Pero, cómo?! La tenía casi literalmente protegida a cal y canto) y así había podido falsificar su firma y todos sus datos para que apareciera que había firmado un contrato con una empresa corrupta de Asira. Breidh estaba descartado como potencial traidor, no solamente por la amistad que le unía con él, sino porque sería incapaz de pensar en algo tan retorcido. Además, no tenía motivos para hacerlo: iban a compartir un trabajo muy suculento, y juntos habrían sido un equipo muy solido.
¿Yu Zhan? Tampoco tenía motivos suficientes. Además, no se habría arriesgado a denunciar a nadie, más que nada porque seguro que ella misma andaba sobre aguas bastante turbulentas, y le interesaba tener a sueldo a un traductor competente. No, ellos dos no podían ser.

¿Entonces quién? ¿Quién tenía un interés tan grande en verle entre rejas o, directamente, ejecutado por operaciones ilícitas a espaldas del gobierno? No tenía sentido, él no se había creado enemigos. Su cerebro estaba tan agotado que ni siquiera era ya capaz de formar una frase con sentido, ni de dibujar un mapa con lógica para desentrañar aquél misterio. Además, el kishka empezaba a subirsele a la cabeza, y aquello le hizo sentir un bienestar que hacía tiempo no experimentaba. Tenía muchas ganas de escuchar música, de apalancarse, de no pensar en nada mientras observaba el Universo vibrando a su alrededor.

-Enséñame la lista de canciones disponibles, y descárgala a mi sinapsis – le ordenó a la nave.

Todo eran canciones actuales de música electrónica. Buscó y rebuscó hasta que encontró una sección de música clásica. ¡Oh! ¡A ver qué tenemos aquí!

Eran canciones de hacía más de 300 años, muchas de ellas deliciosas, raras, creativas. Sabía que casi nadie pensaba así, que consideraban la música clásica un rollo patatero...¡Y la música preclásica ya ni os cuento! Después de deliberar un buen rato, finalmente se decidió por una canción que le traía recuerdos de la infancia, de vuelos interestelares con su abuelo, cuando aún estaba vivo y le enseñaba a pilotar naves de forma ilegal. A aquél viejo pirata le gustaba mucho la música antigua, muy antigua...y eso mismo había heredado de él.

En su cerebro empezó a resonar con fuerza To be Free, de Mike Oldfield, y se sintió libre, extrañamente libre, una libertad acariciada por una sonrisa cargada de una melancolía que creía haber olvidado. Empezó a murmurar la letra de aquél idioma ya extinto, en voz baja, mientras observaba las estrellas rodeado del humo de su cigarro, como flotando en nubes de un pasado cubierto de una lluvia de recuerdos.

To be free
To be wild
and to be
just like a child.

And if I get lost
I really don't mind.
'Cause I'm me
doing just fine

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